A mediados de agosto todos los árboles del pueblo aparecían desnudos, rodeados de montones de hojarasca seca que removía el viento. Ningún viejo del lugar recordaba que aquello hubiera pasado un mes de agosto en el pueblo. Aquellas cosas pasaban sólo en las naciones bárbaras en las que el invierno y el verano están cambiados de fecha y el agua da vueltas hacia el lado contrario. En las naciones normales, sostenían, el verano y el invierno llegaban siempre cuando tenían que llegar y los árboles perdían las hojas en su fecha.
Todo comenzó cuando se secó el río que cruzaba el pueblo. Nunca fue demasiado caudaloso, a decir verdad. Más bien fue un riachuelo con más ribera que lecho, salpicado de cantos y junqueras, que sólo abultaba algo cuando, con el deshielo de las nieves del invierno llegaba la crecida. Sin embargo, nunca se había secado del todo, ni siquiera en los años en los que la cosecha no valió para nada por culpa de la falta de lluvia.
Pero aquel año se alzaron las aguas de modo tal que en enero, sin que hubiera caído una gota de lluvia ni un solo copo de nieve, un día el río dejó de bajar.
Poco a poco y sin que nadie pudiera remediarlo, el cauce se fue llenando con la tierra rehundida de las orillas en toda su extensión y, cuando se dieron cuenta, ya se había convertido en un camino. Tras el río, se fue secando todo lo demás. Los campos no volvieron a echar un sólo fruto, por más semillas que plantaron los agricultores. Cuando se secaron las últimas briznas de hierba no hubo ninguna otra después, lo mismo pasó con las flores y las margaritas, hasta con los cardos y las aulagas.
Pronto comenzaron a verse las calles, las carreteras y los campos del lugar llenos de enormes bolas secas de trotamundos, como las de los desiertos de las películas del oeste. Y cuantos más trotamundos había, menos gente quedaba. Primero se marcharon los pescadores y las cangrejeras. Con un río pequeño aún podían pescar algo que vender pero con un río convertido en camino... Allí ya no tenía nada que hacer. De modo que se marcharon y, tras ellos, poco tiempo después, lo hicieron los agricultores, el pastor y su mujer, hasta el panadero y su prole. Sólo quedó en el pueblo el dueño de la tienda de repuestos con su hijo, a pesar de que a esas alturas ya no quedaba en el municipio un solo tractor o carromato que necesitara de sus servicios.
Como estaban solos, sólo ellos pudieron ver lo que sucedió al caer la última hoja seca del último chopo. Al caer la última hoja seca, comenzó a soplar por todo el pueblo un vientecillo terroso, una brisa amarilla que se arremolinaba en torno a las casas, las chimeneas y los troncos de los árboles y dejaba una arenilla fina repartida por todas partes. En unos días, las carreteras, las calles, los caminos y los campos desaparecieron bajo un fino manto de arena amarilla. En menos de un mes aparecieron las dunas pequeñas y en dos meses más, se hicieron grandes como las de los desiertos de Mauritania.
Era curiosa la estampa del pueblo, con retorcidos árboles negros y secos con el tronco hundido hasta la mitad en las dunas, arena por todas partes salpicada de hierba de camello y las ruinas del castillo convertidas en ruinas polvorientas.
Una mañana, el dueño de la tienda de repuestos se asomó a la puerta de su casa y se dio cuenta de que aquello se parecía más a los relatos del desierto que aparecían en los libros o se escuchaban por la radio que al pueblo en el que se crió.
"Hay que adaptarse" pensó para sí. Esa mañana cerró para siempre la tienda, cosió con sábanas y cortinas unas ropas coloridas como las de los beduinos y, desde entonces, se dedicó con su hijo a pastorear camellos.
Aquí está el resultado del segundo cuento. Esto sigue adelante. De nuevo recordaros, que para disfrutar de más cuentos y relatos de de Casiopea, podéis visitar su blog: Viaje al laberinto de Tusiliana. Advertencia antes de entrar en su blog: Prohibido entrar con reloj.
Dentro de 15 días nueva publicación . Gracias Berta por hacer esto posible.
2 rastros:
Jajajajajaja..............que bueno lo del reloj, me lo he leido enteritoooooooooooo.......vaya dos os habeis juntado, me encanta la ilustracion tiene unos colores preciosos. Un besito.
me encantaron los colores de la estampa
un beso airam
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